jueves, 10 de diciembre de 2009

Japón según una argentina




26 horas de viaje
12 horas a Sydney
4 horas de espera en el aeropuerto australiano
10 horas de Sydney a Tokio...

Al principio pensé que sólo eso me separaría de Japón...

Pero luego, al entrar a ese hermoso país... iba a darme cuenta de que estamos a años luz de ellos.

Por primera vez, iba a ver con mis propios ojos qué se siente vivir en el Primer mundo...

Subo a la línea de tren Odyaku... veo a muchísimas personas con barbijo... comienzo a asustarme...

¿Puede ser que tanta gente con gripe porcina haya acá?

Unas horas más tarde, unos conocidos me iban a aclarar que se trataba de un método de prevención...

Cuando un japonés tiene ya sea fiebre, tos o resfrío, inmediatamente utilizará el barbijo para evitar contagiar a los demás...

Eso ya me dio la pauta de que realmente estaba en un país donde hay solidaridad y un gran respeto por el otro...

Con el paso de los días, fui viviendo en carne propia cada una de las costumbres japonesas... me impactó ver que toda la sociedad oriental separara la basura por plástico, vidrio, comida y papel...

Cada día pasa un tipo de basurero y la gente lo respeta...

Gracias a esto, las enormes plantas de reciclaje tienen mucho trabajo y se evitan separar la basura...

En cuanto a las personas con discapacidades, por suerte cada vereda tiene su rampa, todos los semáforos un ruido para el cambio de color y otro que indica que se puede cruzar la calle de esa esquina...

El orden prima en este país...

Los transportes siempre cumplen sus horarios, nunca me tocó viajar fuera de horario... pero residentes me contaron que en caso de un retraso, automáticamente un empleado de la estación, entrega un papel sellado por la estación indicando de cuánto tiempo fue el retraso para que los trabajadores no tengan inconvenientes en el trabajo...

De eso se trata ese país...

Del orden y de cumplir con las pautas de convivencia ciudadana...

De casualidad, un día entré a un comercio peruano que vendía productos latinos...

El dueño del local me decía "Extraño el desorden de mi país, acá será todo muy ordenado pero la gente... vaya que es fría... ojalá tuvieran un problema... así por lo menos los vecinos se conocerían..."

Es que uno podrá elogiar cada cosa que hace a la vida cotidiana del japonés, pero lo que seguramente no encontrará es ese trato latino, amistoso... verídico o no... extrañable cuando uno está lejos...

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